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La impronta de Ernesto Guevara en Santa Clara




   Los hombres necesarios dejan huellas en su andar; eso sucede con Ernesto Guevara en Santa Clara, donde con frecuencia se halla alguna marca que recuerda la presencia verde olivo del comandante rebelde o el ministro.
   Quienes peinan canas aún le imaginan en aquel diciembre de 1958, en medio de la batalla por la liberación de la ciudad; los más jóvenes llevan grabada la efigie de la gran escultura del artista José Delarra, que preside el Conjunto Escultórico donde descansan sus restos.
   De aquellos momentos gloriosos abundan rastros, sobre todo en  las comandancias empleadas por el jefe de la tropa rebelde en su recorrido desde la entrada al centro de la urbe.
   El primer lugar ocupado fue la Universidad Central Marta Abreu, de Las Villas, institución que un año después le otorgó el título de Doctor Honoris Causa en Pedagogía, y hoy cuenta con la cátedra que estudia la vida y el pensamiento del revolucionario.
   En la medida que avanzaba la columna ocho Ciro Redondo, el comandante usaba otros sitios para orientar sus pasos y se ubicó en las elevaciones de El Capiro, casi dentro de la zona urbana, a 180 metros sobre el nivel del mar y desde donde se domina casi toda la localidad.
   El monumento ubicado en la cumbre de una de las dos lomas evoca aquellos instantes: lugar convertido no solo en referencia histórica, sino también de acampada de pioneros y solaz de quienes buscan el hermoso refugio verde a poca distancia del ajetreo citadino.
   La tropa limpiaba el camino de enemigos y se instaló en la entonces dependencia de Obras Públicas, hoy sede del Comité Provincial del Partido.
   Allí existe la escultura de tamaño natural del guerrillero de América ubicada al frente del edificio. Hermosa y sugerente obra de arte que recrea importantes momentos de la existencia del argentino-cubano, donada por el artista español Casto Solano y colocada en ese sitio en octubre de 1998.
   Al pie de la figura no faltan flores frescas de transeúntes, turistas, de recién casados o silenciosos admiradores del gran hombre, quien continúa con el candil en la mano para iluminar el futuro.
   A pocos metros de allí, en el propio lugar de los hechos, se erigió el conjunto monumentario que evoca una de las acciones más osadas de los rebeldes: el descarrilamiento del tren blindado y la rendición de las tropas élites de la tiranía, con las cuales se pretendía detener el avance de la libertad hacia la capital del país.
   Este es de los sitios más visitados por los viajeros nacionales y foráneos, área para conmemorar efemérides y rendir tributo a los héroes.
   Aún se percibe a Ernesto Guevara en las industrias que promovió en la actual provincia de Villa Clara como la Planta Mecánica Fabric Aguilar Noriega, la Empresa Inpud Primero Mayo, ambas en Santa Clara; las fábricas de bujías Neftalí Martínez, en Sagua la Grande y de bicicletas, en Caibarién.
   La plaza de la Revolución Ernesto Guevara, abierta al público en diciembre de 1988, guarda desde hace tres lustros los restos del Guerrillero Heroico y los combatientes caídos en la lucha en Bolivia, sitio visitado por millones de personas, muchos de ellos extranjeros.
   Fue la inauguración de la Empresa INPUD Primero de Mayo, en julio de 1964, de las últimas estancias del Che en Santa Clara, o mejor, su hasta luego, porque a 45 años de su asesinato, el Che forma parte de la vida cotidiana de los pobladores de la ciudad, quienes le evocan cada día. (Por Luz María Martínez Zelada. Servicio Especial de la AIN)   

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